La CaÃda de Acre, también llamada Asedio de Acre, tuvo lugar en 1291 y resultó en la pérdida de la ciudad de Acre de manos cristianas. Es considerada una de las batallas más importantes del perÃodo, y frecuentemente es mencionada por los historiadores como el evento que marcó el fin de las Cruzadas. Cuando Acre cayó, los Cruzados perdieron su última gran fortaleza en el Reino Cristiano de Jerusalén. Sin embargo aún mantuvieron bajo su control una fortaleza, al norte, en la ciudad de Tortosa y realizaron varias incursiones costeras asà como un intento de reconquista desde la pequeña isla de Arwad, que posteriormente perdieron también en 1302 en el Asedio de Arwad, para entonces, los Cruzados ya no poseÃan tierras, ciudades o fortalezas en Tierra Santa.
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Antecedentes [editar]
El principal punto de inflexión de las Cruzadas fue en 1187, cuando después de la desastrosa Batalla de los Cuernos de Hattin, los Cristianos perdieron Jerusalén contra las fuerzas de Saladino. La base de operaciones de los cruzados se desplazó entonces al norte, y fue instalada en Acre por los siguientes cien años. Las Órdenes Militares tenÃan sus cuarteles dentro o cerca de Acre, desde donde decidÃan en que batallas debÃan luchar y en cuáles no. Por ejemplo, cuando los Mongoles vinieron desde el Este, los Cristianos los vieron como aliados potenciales, pero también mantuvieron una posición de cautelosa neutralidad con las fuerzas Musulmanas de los Mamelucos Egipcios . En 1260, los comandantes de Acre permitieron a los Mamelucos pasar por su territorio sin obstaculizarles el paso, para que lograran una victoria decisiva contra los Mongoles en la crucial Batalla de Ain Jalut en Galilea.
Aun asÃ, la mayorÃa de las relaciones con los Mamelucos no eran tan cordiales. Después de la fundación del Sultanato Mameluco en Egipto en el año de 1250, la destrucción de los territorios Cruzados restantes era la única vÃa para lograr la paz. Después de la Batalla de Ain Jalut, las fuerzas de los Mamelucos comenzaron a atacar las posesiones cristianas, inciando en 1261 y siendo comandadas por el sultán Baibars. En 1265 Cesarea y Arsuf cayeron ante el Sultán. Al año siguiente aconteció la pérdida de todas las ciudades importantes de Galilea. 1268 supuso un año negro para los cristianos de Oriente. Primero Baibars se apoderó de Jaffa y del castillo de Beaufort defendido por la Orden del Templo y después subió en dirección norte hacia AntioquÃa y le puso sitio. El dÃa 18 de mayo las tropas del sultán abrieron brecha en las murallas por donde se colaron los mamelucos en tropel. La gran ciudad habÃa perdurado por más de 160 años como capital franca y su gobernante Bohemundo VII vio su tÃtulo rebajado a conde.
Para ayudar a reponer estas pérdidas, unas cuantas expediciones Cruzadas dejaron Europa para marchar hacia el Este. La frustrada Cruzada de Luis IX de Francia hacia Túnez en 1270 fue uno de estos intentos. La insignificante Novena Cruzada del PrÃncipe Eduardo (posteriormente Rey Eduardo I) de Inglaterra 1271-1272 fue otra. Ninguna de estas expediciones fue capaz de brindar apoyo alguno a los sitiados estados Latinos. Las fuerzas expedicionarias eran muy pequeñas, la duración de las Cruzadas muy corta, los intereses de los participantes muy diversos como para dar cabida a algún éxito sólido.
El Papa Gregorio X se esforzó en excitar el entusiasmo general para lograr otra gran cruzada pero lo hizo en vano. El fallo de su llamamiento fue atribuido por los consejeros del Papa a la holgazanerÃa y vicios de la nobleza Europea y también a la corrupción de los clérigos. Por increÃble que parezca, cada uno de estos factores fueron expresados sólo para avergonzar y acusar, ya que una razón más básica para el fallo parece ser la pérdida de la importancia del espÃritu de las Cruzadas. El uso por parte de los predecesores del Papa Gregorio X de los permisos y privilegios de la Cruzada para reclutar ejércitos que pudieran luchar contra los enemigos europeos del Papado no hizo más que desacreditar el movimiento entero.
En cualquier caso y a pesar de los esfuerzos del Papa, no se pudo lograr una cruzada de mayor importancia que las expediciones arriba descritas. Sin embargo, los ataques al Reino Latino no sólo continuaron, sino que aumentaron su frecuencia y contundencia. Lo mismo sucedió con las dificultades internas entre lo que quedaba de los Reinos Latinos. Para 1276, la situación, tanto interna como externa, se habÃa vuelto tan peligrosa que el Rey de Jerusalén, Enrique II, se habÃa retirado de Palestina para irse a vivir en la isla de Chipre. La desesperada situación del Reino Cristiano empeoró. En 1278, Latakia cayó. En 1289 TrÃpoli fue perdida.
Esfuerzos defensivos [editar]
ArtÃculo principal: Alianza Franco-Mongola
Los esfuerzos francos fueron retomados para firmar una alianza franco-mongola entre Europa y los mongoles, siendo con el lÃder mongol Arghun particularmente proactivos. Con Acre en gran preligro el Papa Nicolás IV proclamó una cruzada y negoció términos con Arghun, Hethoum II de Armenia, los Jacobitas, los EtÃopes y los Gregorianos. El enero 5 de 1291 el Papa dirigió un discurso a todos los Cristianos para salvar la Tierra Santa y los predicadores comenzaron a reunir Cristianos que siguieran a Eduardo I en una Cruzada. Sin embargo, todos estos intentos de montar una ofensiva combinada eran muy pequeños y muy tarde. En sus cartas a los gobernantes Occidentales Arghun se comprometió a realizar una ofensiva en el invierno de 1290, con planes de estar en Damasco en la primavera de 1291:
Bajo el poder del eterno cielo, el mensaje del gran rey, Arghun, al rey de
Francia..., decÃa: He aceptado la palabra que vuestra merced ha envÃado por medio de los mensajeros bajo Saymer Sagura (Bar Sauma), diciendo que si los guerreros del
Khan invaden Egipto vuestra merced les apoyará. Nos os ofrecemos también nuestro apoyo yendo allà para el fin del invierno del año del Tigre (1290), adorando el cielo, y estableciendonos en
Damasco a la primavera siguiente (1291). Carta de Arghun a Felipe el Hermoso, 1289, Archivos Reales de Francia.
A pesar de todo, Arghun estaba moribundo y murió el 10 de Marzo de 1291, poniendo fin a sus esfuerzos en favor de un plan conjunto.
Apoyo europeo
Consecutivo a la caÃda de TrÃpoli el rey Enrique II de Chipre envió a su senescal, Juan de Grailly, hacia Europa para conseguir monarcas europeos que ofrecieran ayuda a la crÃtica situación en Levante. Juan se entrevistó con el Papa Nicolás IV quién compartió sus preocupaciones y escribió una carta a las potencias europeas instándolas a tomar cartas en el asunto concerniente a la Tierra Santa. Sin embargo la mayorÃa estaban tan preocupados por la cuestión del Papa de organizar una Cruzada, como lo estaba el Rey Eduardo I, quién tenÃa problemas en sus tierras.
Sólo un pequeño ejército de campesinos y pueblerinos desempleados y sin entrenamiento militar, provenientes de Toscana y LombardÃa, se unieron a la causa. Fueron transportados en veinte galeras venecianas. A la cabeza de este grupo iba Nicolás Tiepolo, el hijo del Dogo, que contó con la asistencia de Jean de Grailly y Roux de Sully. Mientras viajaban hacia el Este, la flota se unió a cinco galeras del rey Jaime de Aragón que deseaba ayudar a pesar de sus conflictos con el Papa y Venecia.
Masacre de Musulmanes
La tregua firmada por Enrique y Qalawun habÃa reestablecido en Acre un poco de confianza. Lo que produjo una reanudación del comercio. En el verano de 1290 los mercaderes de Damasco empezaron a enviar de nuevo sus caravanas a la ciudades francas de la costa. Aquel año se recogió una buena cosecha en Galilea y los campesinos musulmanes abarrotaron con sus productos los mercados de Acre.
En agosto, en plena prosperidad, llegaron los cruzados italianos. Desde que arribaron fueron un problema para las autoridades. Eran desordenados, borrachos y pendencieros y sus jefes, que no les podÃan pagar con regularidad, tenÃan escaso control sobre ellos. Los recién llegados alegaron que habÃan ido a luchar contra el infiel y por lo tanto comenzaron a atacar a los mercaderes, a los campesinos y a los ciudadanos musulmanes de Acre.
Según narra Amin Maalouf:
Poco después de la llegada de los italianos comienzan los problemas. Asaltan por las calles a unos mercaderes damascenos, los desvalijan y los dejan por muertos. Las autoridades consiguen reestablecer el orden a duras penas pero, a finales de agosto, la situación se agrava. Tras un banquete acompañado de copiosas libaciones, los recién llegados se dispersan por las calles, acosan y luego degüellan sin piedad a todo aquel que lleva barba. Tanto cristianos como musulmanes resultan muertos.
Otras fuentes indican que un mercader musulmán habÃa seducido a una dama cristiana cuyo esposo, al enterarse, llamó a sus amigos para vengarse. De repente, la turba cristiana se precipitó por las calles de la ciudad y los suburbios matando a todo musulmán que encontraran. Lo que comenzó como carnicerÃa terminó en batalla, pues muchos musulmanes se defendieron desde sus azoteas con rudimentarias armas. Los caballeros de las órdenes estaban horrorizados ante la carnicerÃa pero todo lo que pudieron hacer fue salvaguardar a algunos musulmanes en sus castillos y arrestar a los cabecillas.
Estas muertes le dieron al sultán mameluco, Qalawun Malik Al-Mansur, el pretexto que necesitaba para atacar la ciudad. Qalawun pidió que los culpables de la masacre le fueran entregados de manera que él pudiera aplicar justicia. Después de ciertas discusiones acerca de la posibilidad de encerrar a las masas asesinas en las cárceles de Arce, idea propuesta por Guillaume de Beaujeu, el Concilio de Acre finalmente se rehusó a entregar a nadie a Qalawun y en su lugar argumentaron que la culpa la tuvieron los musulmanes puesto que, según el Concilio, estos habÃan intentado sublevarse.
A pesar de que una tregua de diez años habÃa sido firmada en 1289, Qalawun consideró que la tregua habÃa sido rota tras la masacre de musulmanes. En octubre, Qalawun ordenó una movilización general.
Preparativos bélicos [editar]
Desgraciadamente, el Sultán murió en noviembre, sin embargo, rápidamente fue sucedido por su hijo Khalil Al-Ashraf, quién habÃa jurado a su padre, en el lecho de muerte, terminar la empresa que él dejó inconclusa. Sin tiempo que perder se puso a la cabeza de las tropas y reinició la marcha, capturando a su paso las caravanas que llevaban suministros y ayuda para Acre. Durante la marcha se presentaron varias escaramuzas con patrullas de templarios que vigilaban la zona, cuyos integrantes fueron hechos prisioneros. Mientras el ejército marchaba Khalil escribió al Gran Maestre del Temple, Guillaume de Beaujeu advirtiéndole que reconquistarÃa Acre para el Islam.
Dentro de los muros, los Maestres del Templo Guillermo Beaujeu y del Hospital Jean de Villiers, habÃan hecho venir a sus mariscales Pedro de Sevrey (que habÃa reemplazado a Godofredo de Vendac como Mariscal de la Orden) y Mateo de Clermont y habÃan reunido todas sus tropas disponibles. También estaba presente el recién nombrado Maestre de la Orden de los Caballeros Teutónicos, Conrado Feuchtwangen, y habÃa traÃdo consigo muchos caballeros de Europa. El rey Enrique que habÃa sido coronado en Chipre en 1285 y reconocido como señor del reino de Jerusalén el 15 de Agosto de 1286, envió un contingente al mando de su hermano Amalrico. El rey de Francia mantenÃa tropas en la ciudad desde la época de Luis IX al mando de Juan de Grailly y el rey Inglés también envió algunos caballeros mandados por Otón de Grandson.
Fuerzas contendientes y preparación de la batalla [editar]
Algunas fuentes cristianas (cuyas cifras son exorbitantes) afirman que Khalil Al-Ashraf tenÃa bajo su mando 160.000 soldados de infanterÃa y unos 60.000 de caballerÃa, que junto a las 72 eficaces catapultas (algunas fuentes indican 100 catapultas) demostraron ser muy superiores a las defensas de la ciudad: 14,000 soldados a pie y 800 caballeros, a éstos se le suman 2,000 hombres que zarparon desde Chipre comandados por el rey Enrique II. Se estima que la población de Acre en la época oscilaba entre los 30,000 o 40,000 habitantes.
La Ciudad Real de San Juan de Acre estaba situada de espaldas al mar Mediterráneo, rodeada por éste por el sur, por el este y por el oeste, formaba una pequeña penÃnsula y dominaba la bahÃa que llevaba su nombre. TenÃa una doble fila de murallas y doce torres que habÃan sido reforzadas hacÃa poco. En la parte norte se encontraba el barrio de Montmusart y, al sur de éste, la muralla torcÃa bruscamente en dirección oeste y formaba un ángulo recto bajando en dirección sur hasta encontrar el mar. Todo este saliente era dominado por la Barbacana del Rey Hugo. El castillo del rey, ocupado por la Orden del Hospital, estaba situado delante del barrio de Montmusart y pegado a la muralla interior.
Acre sólo tenÃa tres puertas terrestres, la de Maupas en el norte dando acceso al Montmusart, la de San Antonio en la parte central junto al castillo y la de san Nicolás en la sección este. El Consejo de Acre determinó que la parte central de la muralla era la más vulnerable a pesar de contar con las torres de la Condesa de Blois (cuya construcción fue pagada por Alicia de Bretaña, condesa viuda de Blois), Inglesa (financiada con oro del Rey Eduardo I), del Rey Enrique (construida por Enrique II), la torre Maldita y la barbacana del Rey Hugo donde se estableció la defensa de las tropas enviadas por el rey Enrique de Chipre.
El 5 de Abril, al amanecer, el ejército musulmán fue divisado por los guardias de la muralla norte. Los soldados se prepararon y todos los campesinos de villas cercanas se establecieron intramuros. Los mamelucos por su parte hicieron lo mismo, montaron sus tiendas frente a los muros de la ciudad y construyeron las máquinas de asedio, de las cuales destacaban dos. La una llamada "La Victoriosa" (construida por el ejército de Hama) y la otra llamada "La Furiosa" (construida por los hombres de Damasco) y muchos mandroneles ligeros de un tipo muy eficaz llamados "Bueyes Negros".
Arriba, en el norte de Montmusart, ocupándose de la puerta de Maupas, se organizó la Orden del Templo y frente a éstos, el ejército de Hama al mando de su señor Al-Malik. Después del Templo y hasta la torre de San Antonio, se situó la Orden del Hospital enfrentándose al ejército de Damasco mandado por Ruk ad-Din Toqsu.
En la sección central de las murallas se hallaban los hombres del Rey, comandados por su hermano Amalarico, y apoyados desde la Torre Maldita por los Caballeros Teutónicos, bajo el mando de Conrado de Feuchtwangen. A la derecha se hallaban los caballeros franceses e ingleses, comandados por Juan de Grailly y Otón de Grandson, después las tropas de venecianos y pisanos y por último las de la Comuna de Acre. Las tropas del sultán se hallaban acampadas a todo lo largo de la sección oriental de la muralla (desde la puerta de San Antonio hasta el mar). El sultán mismo tenÃa montada su tienda frente a la torre del Legado, no muy lejos de la costa.
Para los cristianos estaba claro, debÃan negociar y si no podÃan preservar la ciudad al menos podÃan obtener salvoconducto a tierras cristianas, por esto, fue enviada al campamento musulmán una embajada para negociar la paz, sin embargo el Sultán, antes de dejarles entrar les preguntó si traÃan las llaves de la ciudad, ante la negativa de los emisarios, Khalil se negó a negociar, sólo aceptarÃa la rendición incondicional de la ciudad.
El 7 de Abril el asedio comenzó, según narran diversas fuentes, los gritos de guerra de los soldados que participaron en el ataque inicial fueron acompañados por el batir de los tambores y el sonar de las trompetas. Las numerosas catapultas comenzaron a lanzar rocas sobre los muros de la ciudad, destruyendo casas, templos y calles. Simultáneamente, una lluvia de flechas incendiarias, saetas y jabalinas, se alzó desde el campamento enemigo, provocando estragos en la población y prendiendo con fuego los tejados de paja o madera.
8 dÃas después, el 15 de Abril, los Templarios y Hospitalarios que se hallaban acuartelados en Montmusard, al norte de Acre, mandados por el Gran Maestre Guillermo de Beaujeu, intentaron un ataque nocturno por sorpresa contra el ejército mameluco, especÃficamente contra los campamentos de los ejércitos de Hama y Damasco, con el fin de destruir sus máquinas de guerra. Inicialmente, el elemento sorpresa funcionó como se esperaba pero, a lo largo de las siguientes horas, las fuerzas cristianas se vieron obligadas a retirarse.
Las operaciones que los zapadores musulmanes llevaban a cabo por debajo de los muros habÃan avanzado con rapidez extraordinaria, y se encontraban casi debajo de la barbacana del Rey Hugo, corriendo dicha edificación el riesgo de venirse abajo, por lo que poco tiempo después, la barbacana, justo delante de la Torre del Rey Enrique, hubo de ser abandonada y durante la semana siguiente, los zapadores del sultán minaron las torres Inglesa y de la Condesa de Blois. Toda la muralla exterior se derrumbaba ante el bombardeo incesante de las catapultas y los mandrones del sultán.
El 15 de Mayo, las fuerzas de Al-Ashraf atacaron la puerta de San Antonio, situada junto al castillo, siendo, inicialmente, rechazados por defensores Templarios y Hospitalarios tras un duro enfrentamiento. No obstante, tres dÃas más tarde, las fuerzas mamelucas atacaron de nuevo la entrada
El dÃa 18, las tropas del Sultán abrieron brecha en la torre Maldita por donde irrumpieron los mamelucos rechazando a los defensores hasta muralla interior. El Templo y el Hospital tuvieron que acudir a reforzar el sector, pues en el suyo, la presión de los ejércitos de Hama y Damasco era mucho menos fuerte. Sin embargo toda la zona estaba perdida, pues más al sur, Otón de Grandsdon habÃa cedido ante el empuje atacante y habÃa perdido la torre de San Nicolás.
Antes de entrar y repitiendo la táctica intimidatoria inicial, Al-Ashraf ordenó el asalto acompañado de un importante número de tambores, trompetas y cimbales. Eficaces arqueros preparaban el camino a la primera lÃnea de atacantes compuesta por escuadrones suicidas. Montones de musulmanes ya corrÃan por la ciudad arrasándolo todo a su paso.
Para empeorar las cosas, el mismo dÃa sucedió lo siguiente: Estando el Gran Maestre del Temple, Gillaume de Beaujeu, liderando la defensa cerca de la muralla en el sector de la Torre Maldita, se le vio repentinamente arrojar la espada y alejarse del combate hacia el interior de la ciudad, sus caballeros le reprocharon su cobardÃa. Pero Beaujeu respondió:
"Je ne m'enfuit pas; je suis mort. Voici le coup".
Que traducido quiere decir: "No estoy huyendo, estoy muerto, aquà está la flecha", y simultáneamente alzó el brazo dejando ver la mortal herida que habÃa recibido en un costado, bajo la axila. Entonces sus caballeros lo transportaron por una de las poternas de la muralla del Montmusard, a una casa del barrio, cerca de la puerta de San Antonio. Donde más tarde, tanto él, como Mateo de Clermont, mariscal del Hospital, murieron. Los caballeros del temple, transportando, los cuerpos de ambos, se pusieron bajo las órdenes del Mariscal de la Orden Pierre de Severy, quién ordenó la retirada hacia la fortaleza templaria, en el sur de la ciudad, cerca del puerto.
Al enterarse de esto, el maestre del Hospital decidió retirase también, para que, tanto Hospitalarios como Templarios resistieran juntos en la fortaleza del Temple, sin embargo, en la retirada fue alcanzado entre los omóplatos por una lanza y, contra su voluntad, embarcado por sus hombres. Lo mismo hicieron Otón de Grandsdon y el rey Enrique junto a su hermano Amalarico.
Al enterarse de la noticia, al enterarse de que los jefes cristianos huÃan y la ciudad de Acre estaba irremediablemente perdida, el miedo se contagió a la aterrorizada población que huyó presa de pánico hacia los muelles intentando caóticamente encontrar sitio en los pocos barcos disponibles. Como los habitantes de Acre eran muchos y los barcos tan pocos, no habÃa suficiente lugar para todos, algunos fueron literalmente abordados y hundidos por el excesivo peso de las atemorizadas gentes. Las madres dejaban a sus hijos, los ancianos, menos ágiles, perecieron todos bajo las cimitarras mamelucas, habÃa quienes incluso asesinaban con tal de ocupar un espacio en las galeras. Las personas que no consiguieron abordar fueron muertas por los invasores. El número de vÃctimas aquel dÃa es imposible de calcular.
Semejante caos lo describe Jean de Villiers en una carta que escribió en su lecho de muerte:
Ellos (los musulmanes) entraron en la ciudad desde todos los frentes temprano en la mañana y en fuerza de hombres muy numerosa. Nosotros y nuestra orden les hicimos guerra en la puerta de San Antonio, donde habÃa tantos sarracenos que no podÃa uno contarlos. Aun asÃ, los rechazamos tres veces tan lejos como hasta el lugar llamado "Maldito". Y en esa acción y otras pelearon los hermanos de nuestra Orden pelearon en defensa de la ciudad y de sus vidas y de su paÃs. Poco a poco perdimos todo el castillo de nuestra Orden, que es muy merecido de horar en el y que está muy cerca de la Santa Iglesia, y luego tuvo fin. Entre ellos nuestro querido amigo Hermano Mateo de Clermont, nuestro mariscal, resultó muerto. El era noble y esforzado y sabio de armas. ¡Que Dios lo tenga en su gracia! En ese mismo dÃa el Maestre del Temple también murió de una herida mortal de jabalina. ¡Que Dios tenga piedad de su alma!
Yo mismo ese dÃa luché contra la muerte por una herida que me provocó una lanza entre los hombros, una herida que hace que la redacción de esta carta sea una tarea muy difÃcil. Mientras tanto una gran multitud de sarracenos entraba en la ciudad por todos nuestros flancos, por tierra y agua, moviéndose a lo largo de los muros, que estaban todos perforados y rotos, hasta que ellos llegaron a nuestros refugios. Nuestros sargentos, muchachos y mercenarios y los cruzados y otros desistieron de toda esperanza y corrieron raudos hacia los barcos, deshaciéndose de sus armas y armaduras. Nosotros y nuestros hermanos, la mayorÃa de los cuales habÃan sido heridos de muerte o se hallaban gravemente lesionados, resistimos tanto como pudimos, Dios es testigo. Y algunos de nosotros yacÃamos como si estuvieramos medio muertos y yacÃamos en una palidez y desmayo ante nuestros enemigos, nuestros sargentos y nuestros pajes jóvenes me transportaron, mortalmente herido, y nuestros otros hermanos lléndose, gran peligro corrÃan. Y hasta aquà yo y otros hermanos escapamos, como Dios quiso, muchos de los cuales estábamos heridos y maltrechos sin esperanza de cura, y fuimos llevados a la isla de Chipre. En el dÃa en que esta carta es escrita nosotros seguimos aquÃ, en gran pena de nuestro corazón prisioneros de un dolor insoportable.
Última resistencia [editar]
Al-Ashraf habÃa conseguido reconquistar la mayor parte de Acre, únicamente la fortaleza templaria situada de espaldas al mar en el extremo sur de la ciudad, se mantuvo en pie. Alrededor de doscientos caballeros templarios se habÃan refugiado tras sus muros defendiendo a varios cientos de civiles. Tras varios dÃas de bombardeo, el sultán, viendo la determinación de los defensores, les ofreció la posibilidad de embarcarse sin ser molestados y envió un destacamento para controlar los preparativos.
El 25 de Mayo, Pierre de Severy, comandante de los templarios, se avino a la rendición con la única condición de obtener salvoconductos hacia Chipre para los caballeros y refugiados civiles. Emisarios musulmanes entraron y procedieron a izar la bandera del Islam, en cuyo acto, mujeres y niños insultaron con fiereza a los mamelucos, respondiendo estos de manera semejante, los templarios en un intento por calmar los ánimos los separaron arma en mano, pero los mamelucos desconfiaron y desenfundaron sus cimitarras igualmente, la riña comenzó y tras minutos de combate, la disputa se saldó con la muerte de los mamelucos egipcios y el posterior cierre de las puertas de la fortaleza, reiniciando de esta manera las hostilidades.
Esa misma noche, el comandante Thibaud Gaudin (quien se convertirÃa en el próximo Gran Maestre) consiguió poner velas hacia Sidón al aparo de la oscuridad llevándose, según se cuenta, el tesoro templario, algunas sagradas reliquias, una pequeña fuerza de caballeros y unos pocos civiles.
Al dÃa siguiente, 26 de Mayo, el Sultán volvió a ofrecer las mismas condiciones a los defensores, ante esta tentativa, Pierre de Severy, el Mariscal de la Orden, no tuvo más remedio que salir de la fortaleza, acompañado por un pequeño séquito de caballeros para negociar la rendición. Cuando fue recibido por los musulmanes, él y su escolta, bajo la atenta mirada de quienes se quedaron dentro del castillo, fueron arrestados y ejecutados inmediatamente. No hubo más ofertas por parte del Sultán para que se produjera una evacuación pacÃfica y los templarios que habÃan permanecido dentro de la fortaleza, exhaustos, heridos y sin suministros, decidieron seguir defendiendo la guarnición, pues no tenÃan otra opción. TodavÃa continuaron peleando durÃsimamente durante dos dÃas y consiguieron rechazar varios ataques mamelucos.
Sin embargo, en la noche del 28 de Mayo, los zapadores mamelucos que habÃan procedido a minar los muros de la fortaleza, abrieron, con ayuda de explosivos y combustible, una brecha, permitiendo la entrada de 2,000 mamelucos. Pero al pasar los enemigos por la brecha, el edificio se vino abajo matando a defensores y atacantes sin distinción. Los templarios que no fueron aplastados por las rocas que se desplomaron siguieron luchando toda la noche y parte de la madrugada del dÃa 29, sin embargo, fueron derrotados por la superioridad numérica de los invasores.
Al mismo tiempo que se derrumbaba el castillo templario, el puerto era cubierto con escombros para evitar un desembarco que tuviera por objetivo recapturar la ciudad.
En cuestión de meses, las ciudades restantes en poder de los cruzados cayeron con facilidad, incluyendo Sidón (14 de Julio), Jafa (30 de Julio), Beirut (31 de Julio), Tortosa (3 de Agosto) y Atlit (14 de Agosto). Sólo la pequeña isla de Arwad o Rwad en las cercanÃas de Tortosa pudo ser mantenida hasta 1302.
En total, el asedio de Acre duró sólo seis semanas, comenzando el 6 de Abril y terminando con la caÃda de la ciudad el 18 de Mayo, aun asÃ, los Templarios aguantaron en sus cuarteles hasta el dÃa 28 del mismo mes.
Consecuencias [editar]
La caÃda de Acre acabó con una era. Ninguna cruzada efectiva se organizó con el fin de recapturar Tierra Santa tras la caÃda de Acre, sin embargo hablar de cruzadas posteriores era muy común. En 1291, otros ideales habÃan capturado el interés y entusiasmo de los monarcas y nobles de Europa y aunque el Papado realizó enérgicos esfuerzos para levantar expediciones que liberaran la Tierra Santa, estos tuvieron poco impacto. El ideal de la Cruzada estaba irremediablemente oxidado.
El Reino Latino continuó existiendo, teóricamente, en la isla de Chipre. Ahà los Reyes Latinos tramaron y planearon recapturar la tierra firme, aunque en vano. Dinero, hombres, y la voluntad para hacer la tarea estaban todos escasos. Un último esfuerzo fue realizado por el Rey Pedro I en 1365, cuando el exitosamente desembarcó en Egipto y saqueó AlejandrÃa. Una vez que la ciudad fue presa del pillaje, de todos modos, los Cruzados regresaron lo más rápido posible a Chipre para dividirse el botÃn. Como cruzada el episodio fue completamente infructuoso.
El siglo XIV vio algunas expediciones erróneamente llamadas Cruzadas, pero estas empresas diferÃan de muchas maneras de las expediciones de los siglos XI y XII. Las Cruzadas del siglo XIV tenÃan como objetivo no la recaptura de Jerusalén, sino más bien la vigilancia del avance de los Turcos otomanos sobre Europa. Mientras que muchos de los Cruzados en este siglo XIV abogaban por la derrota de los Otomanos como meta preliminar para recapturar la Tierra Santa, ninguno de estas expediciones tuvo por objetivo un ataque directo hacia Siria o Palestina.