La divinidad del rey

El privilegio de ser divinizado ya en vida fue reservado a unos pocos faraones, que ordenaron levantar templos para su propia divinización en este mundo.

 

El faraón era el representante de los dioses sobre la tierra, y su imagen se asimilaba a la del dios Horis. Cuando el faraón moría, se asimilaba a la figura del dios Osiris. A algunos faraones se les rindió culto una vez muertos, como ocurrió en la zona de las pirámides de Guiza o con Mentuhotep I en Deir el Bahari.

Pero a algunos reyes y reinas se les rindió culto como divinidades propias. Las razones de este culto son diversas. En el caso de Amenhotep I y de su madre, la reina Amosis-Nefertari, los obreros de la necrópolis de Deir el-Medina los adoptaron como sus patronos, ya que favorecieron la construcción de dicha necrópolis.

Pero el caso de Amosis-Nefertari es atípico un ejemplo de su gran importancia. El color negro o azul con que se la representa se relaciona con la inmortalidad y el símbolo de regeneración que tienen algunos dioses, como Osiris o Amón.

Otros faraones se divinizaron a si mismos, como símbolo de su gran poder, como Amenhotep III o Rameses II. Los templos de Wadi el-Sebua o de Amada, consagrados, al principio, al dios Amón, albergaron el culto a Rameses II. Sedeinga en honor a su esposa Tiy.

Morada del Rey-Dios, de los templos construidos por Rameses II en Nubia y dedicados a su culto, el mas importante y conocido es Abu simbel.

Un día en la vida del faraón

La jornada de un rey egipcio se hallaba regulada hasta en los mas pequeños detalles. Tanto en su vida publica como en la privada, estaba organizada siguiendo un severo y riguroso ceremonial. Su tiempo se repartía entre las audiencias y los juicios, la caza y la guerra, el paseo y los placeres.

 

Es faraón con su familia, la iconografía real amarniense se concibe de forma humana. Este relieve muestra a Ajenaton como un padre tierno, con su esposa y las princesas.

 

El despertar del rey era una gran ceremonia. Al faraón le preocupaba su aspecto físico; por eso se ponía en manos de un barbero y de un manicuro. Debía vestir un gran traje; la faldilla shenti, corta, plisada, con una pieza trapezoidal en el centro, formaba parte de su indumentaria. Nunca aparecía en publico con la cabeza descubierta. Llevaba siempre tocado, incluso en la intimidad. Para ello se ponía una peluca, y encima el nemes con la serpiente ureo.

La barba postiza se unía al tocado. Llevaba collares, pectorales y pulseras. Calzaba sandalias, o caminaba descalzo. Por la mañana leía el correo, se bañaba y luego ofrecía un sacrificio y escuchaba las plegarias del sumo sacerdote.

El rey tenia que estar al corriente de todos los acontecimientos. Dictaba respuestas, convocaba el consejo. Pero su deber mas importante era manifestar agradecimiento a los dioses: restauraba monumentos, construía nuevos santuarios y estatuas, erigía obeliscos. Supervisaba y vigilaba el cumplimiento de sus ordenes.

Ofrenda del rey a re Haractes. El rey tenia que demostrar su agradecimiento a los dioses. Rameses II hace una ofrenda a Re Haractes en el templo de Abu Simbel.

Las dinastías